Carta: “Tu partida”
Era extraño sentir cómo te fuiste. El ambiente se volvió pesado, casi irrespirable. ¿Cómo puede doler tanto la partida de alguien a quien solo conocía de rostro, que no era de mi familia, con quien no compartía sangre? Y aun así… duele. Se siente como un vacío que no tiene nombre.
Eran las siete de la mañana cuando me enteré de que ya no estabas. Era absurdo pensarlo, porque justo un día antes, solo pasaron 12 horas, habías partido. Nadie podía creerlo. Nadie podía aceptar que fueras tú. ¿Cómo una persona tan buena, tan llena de vida, pudo irse de una forma tan trágica? Dolía verlo, dolía entenderlo, dolía aceptarlo. Sentí que la vida había sido injusta contigo.
Eras joven. Tenías sueños, risas, momentos que todavía no habían ocurrido. Y, sin embargo, ya no había forma de regresar el tiempo. Si a mí, que no te conocía, me duele así, no puedo imaginar el vacío que sienten quienes te amaron de verdad.
Mis ojos no pueden contener las lágrimas. Mi corazón carga con un peso que no le pertenece, pero igual lo siente. Y entonces me pregunto… ¿la vida es justa o injusta? Contigo, sin duda, fue injusta. Una persona amable, querida, alegre… se fue demasiado pronto, de la forma más dolorosa.
“¿Para qué hacer planes a futuro, si la vida —o el destino, o Dios, o quien sea— puede decidir que no lleguemos a vivirlos? Al final, los planes parecen una ilusión, ¿verdad?”
Sigue tu camino. Conduce hasta llegar al cielo. Te recordaremos como esa persona que siempre irradiaba alegría y bondad.
Ahora sé libre. 📄
Era extraño sentir cómo te fuiste. El ambiente se volvió pesado, casi irrespirable. ¿Cómo puede doler tanto la partida de alguien a quien solo conocía de rostro, que no era de mi familia, con quien no compartía sangre? Y aun así… duele. Se siente como un vacío que no tiene nombre.
Eran las siete de la mañana cuando me enteré de que ya no estabas. Era absurdo pensarlo, porque justo un día antes, solo pasaron 12 horas, habías partido. Nadie podía creerlo. Nadie podía aceptar que fueras tú. ¿Cómo una persona tan buena, tan llena de vida, pudo irse de una forma tan trágica? Dolía verlo, dolía entenderlo, dolía aceptarlo. Sentí que la vida había sido injusta contigo.
Eras joven. Tenías sueños, risas, momentos que todavía no habían ocurrido. Y, sin embargo, ya no había forma de regresar el tiempo. Si a mí, que no te conocía, me duele así, no puedo imaginar el vacío que sienten quienes te amaron de verdad.
Mis ojos no pueden contener las lágrimas. Mi corazón carga con un peso que no le pertenece, pero igual lo siente. Y entonces me pregunto… ¿la vida es justa o injusta? Contigo, sin duda, fue injusta. Una persona amable, querida, alegre… se fue demasiado pronto, de la forma más dolorosa.
“¿Para qué hacer planes a futuro, si la vida —o el destino, o Dios, o quien sea— puede decidir que no lleguemos a vivirlos? Al final, los planes parecen una ilusión, ¿verdad?”
Sigue tu camino. Conduce hasta llegar al cielo. Te recordaremos como esa persona que siempre irradiaba alegría y bondad.
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